
(Artículo enviado por Charo Carbayo Santiago)
La pasada semana el Cardenal Tarsicio Bertone impartió en Madrid una magnífica conferencia sobre “Los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVl” con motivo de cumplirse el 60 aniversario de la “Declaración universal de los derechos humanos”.
El tema no pudo ser más oportuno en un momento en el que no se respeta la dignidad humana, se niega la existencia de la ley natural y se intenta hacerla desaparecer, mediante la aprobación de leyes que van en su contra; sin embargo, la ley natural, por serla, no puede desaparecer –aunque lo intenten los gobiernos de turno– pues nacemos con ella y está inserta por Dios en la naturaleza humana, de ahí que sea inviolable, universal y válida para todos los tiempos. El Cardenal recordó con palabras del Concilio Vaticano ll que “la verdad no se impone más que con la fuerza de la verdad”. Malo es desechar a Dios de nuestra vida, y su consecuencia es la exaltación del hombre, y tanto más se le exalta cuanto se rebaja su dignidad. Así ocurrió en el siglo XX, en que el individuo se movió en medio de regímenes totalitarios, materialistas y ateos. Resultado: soldados y ciudadanos asesinados a millones, exterminio de prisioneros en los campos de concentración y hornos crematorios, etc. “Sin Dios el hombre está perdido; excluir la religión de la vida social (en particular, la marginación del cristianismo) socava las bases mismas de la convivencia humana, pues antes de ser de orden social y político estas bases son de orden moral”. Esta evidencia la estamos viviendo hoy en España; al hacer caso omiso de la ley natural no se respeta la dignidad humana; consecuencia de ello es la trivialización y aceptación del aborto, el divorcio, el matrimonio de homosexuales y lesbianas, etc. A esto se une la corrupción y el abuso de menores, la aprobación de la polémica asignatura de Educación para la ciudadanía, que intenta arrebatar a los padres el derecho indiscutible a educar a sus hijos, etc. Todo ello dibuja el panorama completo del ataque frontal a la familia y, por tanto, a la sociedad. Afortunadamente tenemos en la Iglesia un referente, y pastores dispuestos a defender por encima de lo políticamente correcto, la gran verdad sobre el hombre.
Charo Carbayo Santiago


