
Allá por el año 198, poco después de las virulentas persecuciones de Nerón contra los cristianos, moría asesinado en una conspiración Commodo, un emperador más dado al placer y al circo que a la política, más dado a la vida sedentaria que a las épicas batallas que protagonizara su padre Marco Aurelio.
Ya en el año 235 moría Septimio Severo, último de los Severos, se había dado inicio a una de las más pésimas etapas de la historia Romana: el hambre, la anarquía militar, el éxodo masivo al ámbito rural… que acabaría cuando Diocleciano alcanzó un poder absoluto y omnímodo. Diocleciano protagonizaría una de las más sangrientas persecuciones contra la “recién nacida” religión: el cristianismo.
El error en el que incurría Diocleciano se plasma muy bien en la siguiente frase: “la muerte de un mártir es semilla de nuevos cristianos”. Sin embargo este no fue su principal equivocación, que fue extrapolar de la situación existente unas causas completamente erróneas y que apuntaron a los mismos que apuntara el dedo índice del transnochado Nerón: los cristianos.
En los últimos días venimos presenciando en nuestro país uno de los ataques más violentos y más anticristianos de las últimas centurias. Los socialistas, mosqueados por el comunicado de la Conferencia Episcopal (no entró a valorar el oportunismo del susodicho texto), han iniciado un ataque rabioso cuyo único objetico es el mismo que el de Nerón y el de Diocleciano y el de muchos otros más y que se identifica con el movimiento hitleriano. Los socialistas quieren erradicar con balas de insultos a la Iglesia Católica, sí, esa que le ha molestado durante toda la legislatura recordándoles la inmoralidad del aborto (un ejemplo de entre una variada lista), esa que les ha recordado constantemente el valor nuclear que tiene la familia en la sociedad, esa que les pone tantos obstáculos para la implantación de su adoctrinadora asignatura “Educación para la ciudadanía”.
Parece que el Gobierno socialista se acaba de dar cuenta de que no estamos en el “paraíso de las libertades” de su amigo Fidel Castro, donde los que piensan diferente reciben el premio de vivir encerrados entre cuatro paredes y sometidos a diarias torturas. ¿Dónde se le ha quedado a nuestro querido presidente su palabra favorita? ¿Dónde está ese talante del que tanto presume? ¿No estamos en una sociedad democrática? ¿Acaso quiere volver cuarenta años atrás?
Los dirigentes socialistas no están habituados a que se les curta y han quedado absorbidos cual ganso que acaba de absorber un leñazo y, como un niño pequeño, reaccionan de la manera más fácil posible: insultar por doquier. Sin embargo, lo más curioso de toda esta historia (valdría la pena poner curioso entre comillas viendo la presente legislatura), es que echan la culpa a otros. Al fin y al cabo, quizá no haya tantas diferencias con Diocleciano, que, buscando las causas de la anarquía militar y del caos en Roma se equivocó señalando a los cristianos y que llevó a la ciudad que había sido la más gloriosa a la más ignominiosa situación. Que poco talante, que actitud más pueril, en definitiva, que poco responsable y merecedora de ser los dirigentes de nuestro país.
Juan lozano Garrote (director de Artículos libres)
Se pueden enviar artículos a articuloslibres@gmail.com